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Yuliana Ortiz, la nueva poesía

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Yuliana Ortiz, la nueva poesía

Suave es la noche, diría la poeta. Hablando de sí y de cómo la melancolía le ha apretado todos los huesos. Pero ella es algo más; fue de esas, sí, y ahora es de otra clase: no cree que la poesía pueda salvarla del mundo, pero sí de la quimera que vive dentro de las personas: el yo. Ya no empuña letra alguna para escribir sobre el cliché de la tristeza , del amor o del tercer mundo.

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Yuliana Ortiz es ahora alguien cuya poesía, según la escritora Mónica Ojeda , “viene desde el fin del mundo porque es verbo desnudo, desesperado y salvaje”. De la que diría, entonces: precaria es la noche. La mujer que escribe desde el fin del mundo está encuadrada en la mitad claro-oscura de su sala, en el último piso de un edificio de departamentos en el centro de la ciudad. “En la poesía existe una multiplicidad , la construcción de una voz que ya no es solo tuya”, dice quien viste de pantalón jean, blusa amarilla y hablado nihilista y armónico. Se ventea la cara y el cabello ensortijado con un libro diminuto, ‘Animal dentro’ de László Krasznahorkai , que luego deja caer en el desastre del único objeto grande en su sala, una mesa. Y con una gracia serena dice que “la poesía es una salvadora del yo, por eso cuando leemos un poema todos creemos que ha sido escrito para nosotros”

Nació en la provincia de Esmeraldas hace 27 septiembres, donde leía cuentos comunistas y su mamá, bibliotecaria, la obligaba a repetir mil veces los errores gramaticales que evidenciaba en su diario personal repleto de ensayos y cuentos. Los poemas vinieron luego, a los 17, cuando pensaba con seriedad los versos que decidía mostrar a los ojos extraños por medio de un blog en la web, que terminó llevándola a su primer encuentro de poesía en el Cusco, Perú

Fue reconocida por su trabajo de divulgación de poetas jóvenes en Cráneo de Pangea , portal web que gestiona con Juan Romero Vinueza desde hace algunos años, así como por sus poemas, aparecidos en diferentes revistas como la mexicana Malos Pasos. Pero antes de eso, tuvo que arreglárselas dentro de las cuatro paredes de su núcleo familiar para poder escribir. Como lo dijo en la entrevista a un periódico argentino: “ser joven y escribir en Ecuador es luchar contra todos”. Y por todos, hablaba de su familia

Fue una lucha decidirme a ser poeta, insistir, porque mi familia no lo quería”, cuenta. “Cuando eres adolescente, cuando te piden que seas guapa o cuando provienes de la clase media en la que el gesto de escribir no es una necesidad, y más bien levanta sospechas, insistir en hacerlo ya es feminista “. Lo dice mientras recuerda salir a lo inhóspito, tras renunciar a su segunda carrera en ingeniería y como tributo a no seguir oyendo “al menos escribe una novela, aquí nadie lee, peor poemas” de boca de sus padres, que pretendían protegerla

“Insistir, luchar, abandonar; dejar, dejar y dejar y desde esa carencia empezar a escribir”. Eso trajo a Yuliana hasta la contemporaneidad de la poesía ecuatoriana y, a su vez, la ha llevado hasta espacios como Playground o una sala de estudios de posgrado en Dinamarca donde un amigo suyo, de origen español, oyó a otra alumna pronunciar su nombre en su ensayo. “Mi amigo se sorprendió, me googleó y leyéndome no entendía cómo esa chica que veía bailar y beber en el bar toda la noche, de pronto escribe y teorizan sobre ella”

Ella es otra clase de poeta. Menos melancólica y dramática. Evocada a escribir más sobre “el existir: llenarse de silencio para dialogar consigo misma “. O sobre cualquier otra teoría que le arroje a las manos la filosofía, su nueva arma de escritura. Sin ego, porque los abucheos se encargaron de destruírselo todo

Ahora Yuliana junto a su poesía es el caballo más salvaje del campo que galopa con fuerza y sin piedad, de sus propios pies hacia un acantilado, solo para ver la oscuridad y desconcierto desde el filo. No para aventarse, porque ella nunca se entrega, ni a la muerte