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Frédéric Martel: “El 80% del Vaticano es homosexual”

TN Opinión Frédéric Martel: “El 80% del Vaticano es homosexual” Para el autor del libro “Sodoma, poder y escándalo en El Vaticano“, de próxima publicación, los más interesados en mantener el celibato dentro de la Iglesia son los gays en el armario.

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Por Bruno Bimbi Publicada: 25/02/2019, 11:40 hs. Compartir en Facebook Compartir en Twitter Martel: “Después de misa, la mayoría de los curas sale a disfrutar de la noche gay de Roma“. Su libro aún no llegó a las librerías de nuestro país, pero, en sus primeras entrevistas tras el lanzamiento en París, el periodista francés Frédéric Martel ya puso el dedo en la llaga de la institución gobernada por el argentino Jorge Bergoglio, ahora Francisco, a quien le hizo llegar un ejemplar. La obra, de más de 600 páginas, llega justo cuando el Vaticano enfrenta una de sus mayores crisis de la historia , por las denuncias de abuso sexual de menores –y el encubrimiento de la jerarquía eclesiástica– que involucran a sacerdotes de los cinco continentes y desnudan como nunca los traumas sexuales que Roma nunca ha querido enfrentar.

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De acuerdo con Martel, puertas adentro de la Iglesia se invierten las estadísticas: mientras, en todo el mundo, la mayoría de los casos de abuso sexual de menores son cometidos por hombres heterosexuales contra niñas de su propia familia, en la Iglesia católica, las víctimas son en general niños y los abusadores, sacerdotes secretamente homosexuales. Y el encubrimiento sistemático se da no solo por motivos corporativos, sino porque muchos obispos que temen que, si los casos se investigan, su propia orientación sexual salga a la luz, aunque ellos no hayan cometido ningún crimen. Aterrorizados en su propio armario, no actúan para proteger apenas al abusador, sino también a sí mismos , porque su vida privada contradice el discurso público, especialmente sobreactuado, de la institución a la que representan.

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Leé también Frédéric Martel: “La Iglesia es una estructura masivamente homosexualizada” Es por ese mismo motivo que, según el autor, los más interesados en mantener el celibato dentro de la Iglesia son los gays en el armario, que así pasan desapercibidos en un ambiente en el que la sexualidad de los heterosexuales también debe ser clandestina.

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Después de haber pasado cuatro años viajando por el mundo y de haber realizado 1500 entrevistas con la participación de 41 cardenales, 52 obispos, 45 nuncios apostólicos y embajadores extranjeros, 11 guardias suizos y más de 200 curas y seminaristas, el autor destaca que, de acuerdo con sus fuentes, alrededor del 80% de la jerarquía eclesiástica es homosexual y que, en El Vaticano, después de celebrar misa, la mayoría de los curas sale a disfrutar de la noche gay de Roma.

Ni en el Castro, mítico barrio gay de San Francisco donde vivió Harvey Milk, hay una comunidad homosexual tan numerosa como en El Vaticano, dice Martel, y da un ejemplo: al menos la mitad de los 12 cardenales más cercanos a Juan Pablo II durante su papado eran gays. Paradójicamente, una de las instituciones más homofóbicas del mundo, que usa su poder de presión para impedir el avance de los derechos civiles de la población LGBT en todos los países donde tiene influencia política, es a la vez gobernada por una cúpula mayoritariamente homosexual que repudia en público su propia, oculta, vida íntima.

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“Cuanto más homofóbico es un obispo, más posibilidades hay de que sea gay”, dice Martel , cuyas revelaciones sorprendieron a un total de cero personas, aunque sea la primera vez que una investigación profunda y rigurosa da tantos detalles de lo que ya era un secreto a voces. Seamos francos, cualquier entendido sabe que en los seminarios hay más sexo entre hombres que en el dark room de la disco Amerika

La pregunta, entonces, es por qué ¿Qué es lo que lleva a tantos homosexuales a ingresar a una institución tan homofóbica? ¿Por qué, si esa institución está llena de homosexuales, su discurso homofóbico no cambia? ¿Cuál es la clave para explicar tamaña contradicción?

Ver esta publicación en Instagram POLAND | My meeting with Cardinal Stanislaw Dziwisz, long time personal assistant of John-Paul II. In his office in Krakov. #vatican

Una publicación compartida por Frederic Martel (@martelfrederic) el 19 de Feb de 2019 a las 6:53 PST

Una respuesta fácil –y, a mi juicio, equivocada–, sería recurrir al viejo mito que dice que todo homofóbico es un gay reprimido, culpando a los propios gays por los prejuicios que los victimizan. En primer lugar, no es así: la inmensa mayoría de los homofóbicos son heterosexuales sin ningún conflicto con su propia orientación sexual, así como la inmensa mayoría de los racistas son blancos – aunque exista, también, racismo internalizado en algunas personas negras

El impacto del discurso homofóbico de la Iglesia en miles de familias ha acabado transformándola en un imán que atrae a su seno a jóvenes homosexuales en conflicto con sus dogmas religiosos. Por supuesto que hay, también, homosexuales en conflicto con su sexualidad, principalmente por motivos religiosos y de educación familiar, que tratan de autoconvencerse de que no son gays para no ser rechazados, y, lo consigan o no, sobreactúan a tal punto que pueden llegar a ejercer discriminación y violencia contra otros gays. La Iglesia católica está llena de esos casos, pero sería un error invertir la relación de causa y efecto, interpretando la homosexualidad reprimida como motivo de la homofobia, cuando es al revés: si no existiera homofobia, ningún homosexual reprimiría –o escondería– su sexualidad y nadie se sentiría obligado, por ese motivo, a aparentar que es tan homofóbico como ese entorno que lo oprime

La explicación de Martel para la paradoja de la Iglesia coincide a grandes rasgos con la que propongo en mi libro “El fin del armario”. El creciente discurso homofóbico de la institución ha tenido por siglos un efecto devastador en las regiones del mundo donde ésta conserva poder e influencia. En muchos pueblos donde casi todas las familias van cada domingo a misa, los jóvenes y adolescentes homosexuales de familias católicas que están empezando a descubrir su sexualidad perciben un conflicto insoportable entre su naturaleza y su fe . Sienten que lo que sienten está mal, se sienten culpables y pueden llegar a darse asco a sí mismos, porque les enseñaron desde chicos, en casa y en las clases de catecismo, que la gente como ellos —como ellos descubren a cierta edad que son— es asquerosa, enemiga de Dios e hija del Demonio . Así, muchos de esos chicos terminan metiéndose a curas para escapar de su propia vida, buscando la salvación

Leé también Las ocho propuestas de Francisco para erradicar la pederastia de la Iglesia La Iglesia, con su discurso homofóbico delirante , ha atraído durante demasiado tiempo a muchos gays jóvenes en conflicto con la fe de sus familias, que se refugian entre sus cuatro paredes, creyendo que así evitarán el fuego eterno con el que la institución los amenaza. Y, una vez en el seminario o la parroquia, se encuentran, se reconocen, se desean, a veces se lo permiten. Descubren que puertas adentro está permitido todo, pero en secreto. Paradójicamente, el impacto del discurso homofóbico de la Iglesia en miles de familias ha acabado transformándola en un imán que atrae a su seno a jóvenes homosexuales en conflicto con sus dogmas religiosos . Y, a la larga, la propia Iglesia se ha llenado de gays que la usan como armario, adoptando ese mismo discurso como propio para que nadie sospeche de su secreto

Frédéric Martel, el hombre que hace temblar a la cúpula de la Iglesia: “Hay docenas de miles de casos (de abuso sexual en el Vaticano). Hay una homosexualidad reprimida, escondida en dobles vidas, hipocresía. El Papa Francisco sabe lo que está pasando” pic.twitter.com/YMLhGMLbgF

— TN – Todo Noticias (@todonoticias) 21 de febrero de 2019 Es un círculo vicioso que, en muchos casos, les ha hecho mal a la cabeza. Algunos terminan tan mal que se la agarran con los chicos. Otros viven una doble vida, entre el confesionario y las citas con taxi boys que los dejan vulnerables al chantaje

Para Martel, que adopta una explicación en la misma línea, los sacerdotes gays “están presos en la trampa de un armario en el que ellos mismos se encerraron y del cual no saben salir, mientras afuera todo el mundo se divierte”. El autor explica que esta paradoja permite inclusive explicar algunos de los problemas que enfrenta la Iglesia en el siglo XXI, como el cada vez menor número de jóvenes interesados en el sacerdocio. “Antes, cuando eras un chico de 17 años en un pueblo italiano o español y descubrías que las mujeres no te atraían, la Iglesia era un refugio. Pasabas de ser un paria del que la gente se burlaba en el patio de la escuela a ser considerado Dios“, explica el autor en una entrevista al diario El País. Pero el mundo está cambiando, dice, y ahora, “incluso en el pueblecito italiano, hay otras opciones que hacerse sacerdote”. Cuanto más jóvenes gays de familias católicas consiguen enfrentar la homofobia social y familiar provocada por la religión y salir del armario para llevar una vida normal sin avergonzarse de su sexualidad, menos ingresan al seminario.

El libro de Martel será, sin dudas, una bomba en el corazón de la plaza San Pedro. Además de revelar secretos y analizar la sociología de la vida gay del Vaticano y de la Iglesia en todo el mundo, el autor saca del armario a conocidos jerarcas y exjerarcas católicos de Roma y de varios países. La edición impresa en español está en preventa y llegará a las librerías de España el próximo 14 de marzo, pero ya es posible adquirir la edición digital