Política

Jose Antonio Oliveros Bibliotecario//
HISTORIA de 112 horas sin electricidad en la vida de Mérida… (I)

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero
HISTORIA de 112 horas sin electricidad en la vida de Mérida… (I)

José Sant Roz

(Busco cuaderno y lápiz,… comienzo a llevar mi DIARIO EN LAS TINIEBLAS&hellip😉

Volvemos a leer a la luz de las velas, a conversar sin vernos a la cara, a caminar a tientas porque hasta las pilas de las linternas fallan; a quedarnos mudos mirando por la ventana el silencio y los guiños densos y misteriosos en las tinieblas. Cada cual en cada lugar sólo con sus pensamientos algo tan difícil en estos tiempos, eso de estar sólo con uno mismo propio de una muy mala compañía, a veces. Pensando en qué estará pensando aquel que vive en los otros apartamentos, que asomados con su curiosa sombra hipócrita, procura entender la razón de su lugar en este mundo pero a la vez hace que mira para otro lado, cuando cualquier lado está anegado de la nada. Uno mismo en la levedad del vacío. De vez en cuando la luz de una linterna relampagueando pasa por los oscuros aparcaderos de los carros. O un auto encendido mientras sus dueños tratan de conseguir un poco de para cargar sus aparatos celulares, ansioso por sentir todavía que no están solos. Y la verdad que no hay como el vientre de la noche bien oscura como la de estos días para encontrarse uno consigo mismo. La noche, lo mejor del día. Un golpe mortal (terrible apagón) acababa de recibir el país: en toda Venezuela a las 4.54 de la tarde del día jueves, 7 de marzo de 2019, se suspendió el servicio eléctrico en toda la república de Venezuela. En esta ocasión, lo que íbamos a vivir sería algo nunca visto, algo insólito… paralelamente a este hecho, de todo desconcertante y doloroso, un extraño fenómeno se estaba produciendo: un conjunto de extrañas y nuevas emociones, incluso de energías y vibraciones emergían, cambiado pasmosamente (de modo suave y subliminal) el inconsciente de las personas. Aunque muchos tratasen de no aceptarlo de plano en su manía de verlo todo horrible y despreciable, se daban combinaciones, sensaciones que irradiaban una fuerza que tratábamos de recuperar, que habíamos poseído hace ya mucho tiempo. Era como si algunos órganos nuestros trataran de recordar algo que nos fue en el pasado tan caro y querido: La falta de comunicación por celulares y mediante telefonía fija, la total eliminación de nuestro quehaceres diarios de lo que se dice por las redes sociales; sin poder ver televisión ni oír la radio, sin tener luz por las noches con esa sensación majestuosa de sentirnos hundidos en el vientre de las estrellas o de la más plena y absoluta oscuridad; esa necesidad de callar que se iba imponiendo, o de tener que hablar sólo de lo que importa y estar cada cual solo consigo mismo. Y como limpieza del aire como si repentinamente a la ciudad se le hubiese trasladado al campo, y el poder estar ahora con los niños y con los ancianos y comunicarnos de veras con ellos, todo esto, digo, produjo sin darnos cuenta en nuestro sentimientos, en nuestra manera de ser y de ver la vida, un vuelco que a la vez podía catalogarse de extrañamente saludable, de gloriosamente liberador, ,… aunque la razón, la manía de persistir en los estragos del pasado, la costumbre insidiosa de ser como nos han hecho, fuese a la vez una imperiosa fuerza que tratara de obligarnos a retroceder, a volver brutalmente a la enfermiza vida moderna con sus aparatos, sus formas electrónicas torcidas, aberrantes y envilecedoras. Esto, algunos lo recordábamos, también lo habíamos vivido en aquellos días posteriores al 6 de diciembre de 2002, cuando se inició el paro petrolero que dejó agónica a la estructura casi toda del Estado, a su industria en todos los niveles, a la vida toda de la nación, sin transporte, sin gasolina, sin gas, con los comercios vacíos y la amenaza de un horror y un desconcierto en tantos rostros, pero a la vez una necesidad oculta y recia de resistir y de no doblegarnos ante tantas amenazas. Un golpe, que además nos retrotrajo a las fuentes de nuestras maneras humildes de vivir y de ser, dejando de lado los refrescos importados, todos esos alimentos que no llegan de fuera, y teniendo así que recurrir a nuestra agua de coco, a nuestro jugo de caña o la divina chicha, a cocinar con leña. Pero con ello también, un mar de sensaciones que nos llegaban a lo más íntimo de nuestro ser venezolano, como si recordásemos por atavismo otras miles de batallas para llegar a ser lo que hoy somos: el centro de los ojos del mundo. De modo que, a partir de las 4:54 pm, de ese día jueves 7 de marzo de 2019,  estuvimos repentinamente en un poderoso limbo, sin saber absolutamente nada de nada. En un silencio o anestesia total, al principio en un vaho de conjeturas, con todas las antenas que nos instalado en los sentidos apagadas, desconectadas, a tientas fuimos enterándonos que nos encontrábamos en medio de un gran ataque a todo el sistema eléctrico nacional. Ni entre los más cercanos familiares se sabía nada: esos familiares o amigos que minuto a minuto en los días normales se están enviado mensajes a través de grupos de Whatssap, se hundieron también en un profundo black out. Sólo supimos del coletazo final, antes de entrar en el limbo absoluto, de un comentario que el propio jueves por la noche corrió por las redes (poco antes de que todos los celulares perdieran sus cargas, de que la telefonía fija dejara de funcionar), que el ministro Jorge Rodríguez había dicho que se había provocado un sabotaje en la represa del Guri. Con eso nos quedamos. Luego un vecino nos contó que habían atacado con granadas las turbinas de la referida represa y que recuperarnos de este terrible ataque nos llevaría, quizá, meses… Cuando nos encontrábamos a casi cien horas sin electricidad, yo pensé en ese horror que junto con la victoria del rescate de nuestro sistema nos sobrevendría: Un HORROR apocalíptico como el del “Corazón de las Tinieblas” (de Joseph Conrad) que será a la vez internarse de nuevo en la locura de las guerras de las mentiras, de los rumores, de los engaños, esa enfermedad que corroe, que destroza (corrompe) el alma. Debemos hacer la observación, que en los días previos a este inmenso apagón, los días 2, 3, 4 y 5 de marzo, algunos opositores comenzaron a visitar a sus familiares para advertirles que se prepararan porque se avecinaban situaciones muy difíciles: “viene –decían- un duro golpe contra el gobierno. Abastezcan de gasolina sus carros, apertrechen con buenas cargas su celulares y pilas, tengan a la mano linternas, una buena radio y plantas eléctricas si las pueden conseguir… lo que viene es tremendo…”. Luego se supo que el presidente uterino Juan Guaidó había advertido que lo del sistema eléctrico nacional no se resolvería hasta que el “usurpador” no se fuera. Simultáneamente el senador republicano Marco Rubio, totalmente histérico y enfurecido por la derrota sufrida en Cúcuta (con lo de la “ayuda humanitaria”), aseguraba que se avecinaban fuertes respuestas a la “dictadura de Maduro“. El presidente de Estados Unidos en vista de que su hijo uterino Juna Guaidó no cogía forma y se desinflaba como presidente encargado ante su aliados más firmes, sostuvo tajantemente: “-Todas las opciones están sobre la mesa…”. Fueros días de intensas declaraciones, de feroces ataques desde todos los frentes por parte de los más encumbrados y enconados enemigos de Venezuela en la Casa Blanca: El asesor de Seguridad del Presidente Trump, John Bolton le recalcaba a los medios de comunicación más poderosos del mundo, en los días previos al Gran Golpe Eléctrico del 7 de marzo, que Venezuela pertenece a la esfera de influencia de Estados Unidos en términos de la Doctrina Monroe, es decir, “está en nuestro patio trasero, y no la vamos a dejar sola…”. Eliott Abrams ratificaba que no habría intervención militar pero que tampoco Washington se quedaría de manos cruzados. Pompeo aseguraba que Venezuela había entrado ya en una fase dictatorial que requería de los más severos ataques por parte de todas las democracias de la tierra y en particular de una coalición de naciones latinoamericanas como Colombia, Perú y Brasil. El vicepresidente Mike Pence no le dio descanso en esos días previos al 7 de marzo a su lengua y a sus amenazas contra la patria de Bolívar, anunciando mayores sanciones y mayores bloqueos económicos, y no cejar en estas medidas hasta ver totalmente aniquilado al gobierno del “dictador Maduro“. Cuando el viernes 8, salí a recorrer a pie el sector por donde vivo, me dirigí al C. C. Milenio, a eso de las diez de la mañana. Encontré una situación bastante extraña: un grupo de guardias nacionales se encontraban dirigiendo el tráfico a lo largo de cada uno de los semáforos de la avenida Andrés Bello. Comencé a entender que algo muy grave estaba ocurriendo en todo el país, pero carecíamos totalmente de información. Siempre he insistido en mis artículos que provocándonos los enemigos de Venezuela un black out eléctrico conseguirían dejarnos en un limbo total, sin tener el menos conocimiento de que lo que está ocurriendo en el país. Pero a la vez, este tipo de ataque inmoviliza de manera absoluta a la propia oposición que queda como pollo sin cabeza (al faltarle las redes sociales, y no tener dirigencia ni jefe a quién seguir) sin saber qué hacer ni cómo organizar sus fuerzas. En Mérida, por ejemplo, donde el antichavismo es furibundo y demencial, el sábado 9 de marzo lograron concentrarse frente al Colegio La Salle porque previamente, antes del Golpe Eléctrico, lograron hacer su convocatoria, pero no pudieron ir mucho más allá de este acto que se tradujo en quemas de cauchos y de basura, y en el reguero de cientos de botella de vidrio para tratar de impedir el tráfico. Los dirigentes de esta acción ya conocían del Golpe Eléctrico, pero sus movilizaciones siguen pasmadas, sin punch o pegada, sin rumbo, sólo atenidas a lo que puedan hacer los gringos, sobre quienes ahora tienen todo el peso de las decisiones políticas de la oposición. REPORTO: hoy, día martes (son las 6:50 am), a 12 de marzo de 2019, en un día nublado y un poco lluvioso, acaba de llegar la electricidad en nuestro sector Pedregosa Sur. La gente ha comenzado a gritar, sobre todo jóvenes, como si tratará de uno de los acontecimientos más importantes de sus vidas: “¡Llego la luz!”, “¡Llego la luz!”, “¡Llego la luz!”; y hay que tener en cuenta que esa gente o esos muchachos que así gritan son opositores. El Servicio eléctrico en el sector de la Pedregosa Sur estuvo suspendido durante 112 horas. Se trata, pues, una acción, que no es otra cosa que continuación de la guerra por cualquier otro método. A las 4:50 pm del día jueves 7 de marzo, repentinamente se suspendió el servicio, y creímos que se trataba de algo temporal como suele suceder en Mérida. En realidad, los últimos días de febrero el caos eléctrico en la ciudad había sido de terror, con cortes de hasta 18 horas. La gente debe saber, que desde 2014 a esta parte se han electrocutado doscientos terroristas que han tratado de incendiar estaciones, cortar guayas, volar cientos de transformadores. A estos opositores quién los entiende: maldicen a Maduro cuando se va la luz siendo sus propios dirigentes quienes la interrumpen, luego salen a la calle a quemar caucho para que la repongan por ser fanáticos seguidores de los programas de televisión sobre todo de las telenovelas o series gringas. En el fondo, en estos días, los he visto un poco más circunspectos en sus procederes, guardando las formas de sus gritos y protestas que incluso no han tocado cacerolas, convencidos ya de que son sus jefes quienes están dirigiendo las operaciones del Gran Golpe Eléctrico. Es decir, en los delirios de su dualidad o bipolaridad verdaderamente que están más locos que nunca. Y siguiendo las instrucciones que en los días previos a 7 de marzo han corrido por las redes, en las urbanizaciones que controlan histéricamente, colocan dos grupos de niños a una distancia de unos cincuenta metros. Un grupo grita “¡Maduro!”, mientras que el otro responde: “¡Coño de tu madre!”. En esos se la pasan durante horas en los estacionamientos, parques y algunos hasta en las escuelas… Compartir en Whatsapp